<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-5358196829602658224</id><updated>2012-02-16T15:09:05.230-08:00</updated><title type='text'>LA JERGA DEL AMOR</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lajergadelamor.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5358196829602658224/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lajergadelamor.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Mk</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07507818791156918264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_zGsoobhuinU/SYCR7mhg6AI/AAAAAAAAABI/Kli840jFq8E/S220/Copia+de+DSC-0099.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>1</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-5358196829602658224.post-927472122767937169</id><published>2007-01-14T08:56:00.000-08:00</published><updated>2008-03-15T16:48:30.802-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;1&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Vengo con el abogado- le dijo a la secretaria.&lt;br /&gt;-¿Tiene cita?- preguntó ella.&lt;br /&gt;-Sí, vengo retrasada quince minutos- contestó Alicia.&lt;br /&gt;-No importa, el licenciado todavía no llega.&lt;br /&gt;Al revisar la agenda, Paula se percató que no estaba contemplada tal cita, sin mayor extrañamiento le preguntó algunos datos generales a la recién llegada y los ingresó en el libro, para cuando terminaba de escribirlos Alejandro entró al despacho, saludó con un “buenas tardes” atropellado y cruzó rápido la recepción para entrar a su privado.&lt;br /&gt;-¿Es él?-. Preguntó Alicia desconcertada, asintió con la cabeza la secretaria.&lt;br /&gt;Pasados pocos minutos vía interfono Paula preguntó a su jefe:&lt;br /&gt;-¿Licenciado, ya puede pasar la señorita Alicia?&lt;br /&gt;-¿Quién?&lt;br /&gt;-La persona que tiene citada licenciado.&lt;br /&gt;Tal afirmación chocó con sus pensamientos, estaba seguro que no tenía ningún pendiente para esa tarde.&lt;br /&gt;-Deme cinco minutos y dígale que pase, por favor-, le dijo mientras terminaba de organizar las carpetas que sacaba de su portafolio. Se preguntaba si ésta sería otra de las varias negligencias de su colaboradora, sus errores le parecían cada vez más frecuentes y empezaban a tentar su tolerancia, no era la primera vez que olvidaba comentarle con antelación una cita.&lt;br /&gt;-En unos momentos la atenderá el licenciado señorita-, escuchó decir Alicia a la secretaria.&lt;br /&gt;Ella presentía que algo no andaba bien, el profesionista que le habían recomendado y con el que había tratado por teléfono parecía ser una persona mayor, educada y atenta, no aquél que había pasado por la recepción espetando un saludo indiferente, y que todavía después, la ponía a hacer antesala, aún recordaba lo último que había oído decirle: “la esperaré puntualmente”. Se sintió incomoda una vez más ante el doble discurso masculino, pensó que quizá tenía razón su hermana cuando le sugirió que hiciera uso de los servicios de una abogada.&lt;br /&gt;Se abrió la puerta del privado, Alejandro se asomó y llamó a Alicia con una seña. Ella se levantó presta, airada por el trato que sentía injusto y fue directo a la puerta del cubículo. Cuando cruzó el umbral recibió la mano que Alejandro le tendía cordialmente, antes de que él pudiera decir algo ella se adelantó:&lt;br /&gt;-Buenas tardes licenciado, soy la misma persona que habló por teléfono con usted el lunes pasado-. Indignada, hizo una pausa -exigiendo una disculpa-, para después hacerle saber que, no estaba conforme con el trato diferenciado que sentía recibir personal que telefónicamente, no había seriedad.&lt;br /&gt;Alejandro admiró el delicado tono de su voz, estaba completamente seguro de no haber oído ese timbre por teléfono. Ahora que la tenía de frente, a un par de metros, veía contrastar el color miel de sus ojos con su piel blanca y rizos negros e imaginaba una figura mesurada y exquisita debajo de sus ropas.&lt;br /&gt;La disculpa no llegaba, Alicia reparó por primera vez en que podía estar equivocada.&lt;br /&gt;-Señorita, usted y yo nunca hemos cruzado palabra, soy su servidor el Licenciado Alejandro Bernaga, pero, pase por favor, siéntese.&lt;br /&gt;A Alicia se le fue el color, estaba en medio de una equivocación, quería salir corriendo y aquella persona le invitaba a sentarse,  optó por ocupar una silla para encontrar la salida.&lt;br /&gt;La risa le salía sola, inevitable, nerviosa, Alejandro también sonreía.&lt;br /&gt;-Busco al Licenciado Arciniega.&lt;br /&gt;-¿En qué número de oficina?&lt;br /&gt;Alicia sacó de su bolsa una tarjeta de presentación para darse mayores seguridades.&lt;br /&gt;-305.&lt;br /&gt;-Este es el 205, usted va una escalera arriba más, pero es exactamente en la misma dirección-, dijo Alejandro como minimizando el detalle. -Supongo que mi colega debe estar esperándole, pero si en algo le podemos servir, estamos a sus ordenes.&lt;br /&gt;Alicia tuvo la repentina idea de cambiar de abogado, le agradaba su presencia, su mirada, su sonrisa, su piel morena. Es una locura, resolvió, respiró hondo y tomó una postura más formal.&lt;br /&gt;-Le agradezco sus atenciones, espero poder dar con su colega antes que se haga más tarde-, esbozó una sonrisa para él. -Es usted muy amable-, le dijo mirándole a los ojos mientras se levantaba para dirigirse a la puerta de salida.&lt;br /&gt;Alejandro la flanqueó todo el trayecto, se despidieron en la puerta.&lt;br /&gt;-Fue un gusto, Alicia.&lt;br /&gt;-Igual para mí.&lt;br /&gt;Estrecharon sus manos viéndose a los ojos. Ella dio media vuelta rumbo a las escaleras, Alejandro la miró alejarse y constató que aquella figura tenía un traserito sensual. Alicia ya en las escaleras tuvo otro pequeño acceso de risa, y pensó en las cosas que suceden, volteó hacía atrás y aún estaba ahí, de reojo le mandó una mirada de despedida.&lt;br /&gt;Alejandro volvió  para con la secretaria, le pidió la agenda, la abrió en la fecha del día y después de leer le preguntó:&lt;br /&gt;-Paula, ¿tú levantaste esta cita?&lt;br /&gt;-Bueno, sí licenciado, cuando ella llegó-, dijo apenada.&lt;br /&gt;Ella continuó con un alegato en su descargo, pero él ya no la oía, tenía su mente fija en aquellos rizos y esos ojos, llevó consigo la agenda a su privado, en el trayecto pensó que Paula era la secretaria más eficiente del mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;2&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pocas veces se enamora uno en la vida como se enamoró Abril de él, cuando ella tenía diecisiete años, estudiaba la preparatoria. Alejandro, aunque ya había egresado, asistía a la escuela una vez por semana al menos, tenía amigas regadas por todos los grados con las que tenía flirteos.&lt;br /&gt;Doris y ella comían un lonche en la cafetería cuando Alejandro llegó a saludar, Doris limpió sus dedos con una servilleta y los presentó, el hecho de que Abril sintiera pudor y ya no pudiera seguir comiendo la hizo sentirse rara.&lt;br /&gt;Alejandro hablaba mucho. Ella sin atender una palabra fijaba su mirada en él, lo había visto rondar en los pasillos, sus pantalones de pinzas bien planchados, igual que sus camisas, y esa apariencia de que todo el tiempo se está recién peinado, así como los zapatos lustrosos, le habían hecho pensar que era un sujeto anticuado.&lt;br /&gt;Su opinión cambió en instantes, con el simple hecho de entablar contacto, su actitud jovial y expresiva, el movimiento constante de sus manos, las inflexiones de su voz, sus ojos negros brillantes bajo unas hermosas cejas donde nacía su recta nariz respingada y el tostado de su piel, lo insertaron dentro del contexto, de los tiempos y los gustos de ella.&lt;br /&gt;Estaba gratamente impresionada, hubiera querido pasar toda la tarde en su compañía, pero estaban obligadas a asistir a la clase de prácticas. Así pues, tuvieron que despedirse, camino al aula Doris le comentó a Abril, “es un buen chico, pero es imposible confiar en él”.&lt;br /&gt;Acostada en su cama aquella noche, aún escuchaba la voz de Alejandro, no había podido apartarlo de sus pensamientos en toda la tarde. Camino de regreso a su casa, terminadas las clases, fantaseó que lo encontraba en cada esquina, ya en casa, a su mamá le extrañó que no hubiera querido cenar, que no prendiera la televisión, que se fuera a acostar tan temprano. Abril acostumbraba escuchar la radio para hacerse compañía antes de caer dormida, aquella noche prefirió arrullarse con el recuerdo de la presencia de Alejandro.&lt;br /&gt;Al día siguiente, durante la mañana, sacó su colección de discos y mientras hacía sus labores domésticas, y después las escolares, no paraba de cantar. Se preparó más temprano de lo habitual para ir a la escuela, llegó media hora antes de la primera clase. La escuela estaba casi desierta, por los patios pasaban alumnos y maestros, pero del sujeto nada. Faltaban cinco minutos para la hora y empezaron a llegar sus compañeros de aula, se fueron reuniendo entre saludos, hasta que a alguien se le ocurrió dar la voz de marcha y todos se encaminaron a tomar la primera clase de la tarde. Ella se fue con la marea, algo triste.&lt;br /&gt;Así pasó el resto de la semana, sin saber nada de Alejandro. El viernes, al salir de la escuela, por un instante se le agolpó la angustia, pensó que ya no lo volvería a ver. El sábado pensó en él como una incógnita ¿Cuál era su edad? ¿Dónde vivía? ¿Tendría novia? ¿A qué se dedicaba? El domingo sólo pasó por su mente cuando a mediodía sonó el teléfono, imaginó que podía ser él, pero al mismo tiempo desestimó la idea, se sintió tonta, ¿cómo podría ser él, si en ningún momento ella le había dado su número telefónico?&lt;br /&gt;El lunes Abril continuó su vida normal, volver a ver a Alejandro dejó de ser prioridad. El fin de semana había olvidado elaborar una reseña para la materia de literatura, se abrió un lapso entre las clases para hacer el trabajo, fue a la cafetería y compró un jugo, ocupó una mesa y sacó su cuaderno. Empezó a escribir, casi para terminar la reseña, cuando estaba por exponer su opinión particular de la lectura, y más concentración requería, escuchó su voz.&lt;br /&gt;-Hola Abril, ¿así te llamas, verdad?&lt;br /&gt;Ella se quedó con la pluma en la mano, volteó a verle hasta que estuvo segura que ya había olvidado todo lo que iba a escribir en el cuaderno, sintió en el estomago aquél dulce hormigueo, su corazón latió con fuerza y su cara se ruborizó.&lt;br /&gt;-¡Ya me interrumpiste!-. Le gritó.&lt;br /&gt;-Disculpa, no quise ser inoportuno-. Decía Alejandro mientras se encogía de hombros.&lt;br /&gt;-¿Buscas a Doris?-. Preguntó ella, cuando terminó de hablar se dio cuenta que debió haber dicho: “Sí, así me llamo ¿por qué?” O algo parecido.&lt;br /&gt;Cuando Alejandro oyó el nombre de Doris respiró aliviado. “Vamos a otro lado” pensó, preguntó de inmediato:&lt;br /&gt;-Sí ¿en dónde anda?&lt;br /&gt;-No sé, no la he visto-. Abril sabía que mentía y le fue agradable.&lt;br /&gt;Alejandro estaba confundido, por un momento pensó en si ella se estaría burlando de él. Acostumbrado a abordar sin mayor trámite ni rechazo a las bachilleres, corroboró lo que ya había pensado en días recientes, ya estaba cansado de perseguir chavitas de prepa. Dudó en si retirarse o tomar asiento. Tomó asiento.&lt;br /&gt;-¿Qué haces?-, le preguntó.&lt;br /&gt;Ella hubiera querido decirle “ya no es importante”, pero le comentó que había olvidado hacer la tarea de literatura, una reseña y opinión de “El perfume, historia de un asesino” de Patrick Süskind, Alejandro también había tenido el mismo maestro de literatura, hacía un año se había graduado. En el salón de Abril ya empezaban a hacer preparativos para su fiesta, a la fiesta de Alejandro había venido su hermano de EU, tenía además una hermana y un hermano profesionistas, todos mayores que él, de 21 años. Ella tenía un hermano mayor y una menor y vivía a quince minutos de la preparatoria, caminando, él vivía a unos cinco minutos pero en dirección opuesta.&lt;br /&gt;Pasaron los minutos, se completaron las horas, las clases habían terminado, la cortina de la cafetería tenía media hora cerrada y ellos seguían charlando. Algunas luces se empezaron a apagar, se levantaron de la mesa en dirección a la salida.&lt;br /&gt;-No terminaste tu tarea-, le dijo Alejandro.&lt;br /&gt;-La tenía que entregar hoy.&lt;br /&gt;-Termínala, el viejo es buena onda, mañana se la entregas.&lt;br /&gt;-¿Tú cómo la terminarías?&lt;br /&gt;Alejandro pensó algunos segundos.&lt;br /&gt;-No sé, quizá que el autor quiso dar a entender, que el amor es engañoso y su esencia peligrosa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);font-size:180%;" &gt;3&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alicia acostumbraba bañarse con agua muy caliente, le gustaba ver inundarse de vapor el baño entero. Aunque era la una de la tarde de un día con sol radiante, ella no desistió de la costumbre. Colgó las toallas en la percha y entró a la regadera, atemperó el agua y  mojó sus chinos.&lt;br /&gt;-¿Será bueno?-, se preguntó Alicia.&lt;br /&gt;"Debe serlo", se contestó.&lt;br /&gt;Cuando recibió la llamada a su portátil, no pudo identificar el número, pero cuando escuchó su voz, inmediatamente cayó en cuenta. Le pareció muy atrevido el que se hubiera comunicado con ella, pero también muy estúpido el que le dijera que sólo llamaba para saludar. "Un licenciadito audaz", pensó.&lt;br /&gt;Después de que ella le agradeció el saludo y recordó el bochorno que pasó aquel día en su oficina, se abrió un breve silencio.&lt;br /&gt;-Me gustaría poder verte otra vez-, le dijo Alejandro.&lt;br /&gt;Entró a la regadera, el agua cayó en su espalda desperezándola, recién salía de la cama, había pasado lo que llevaba del día recostada leyendo y escuchando música, así lo había planeado. En su día de asueto, por ésta ocasión, estaría toda la mañana descansando, después se prepararía para cumplir el compromiso que tenía por delante, estaba a tres horas.&lt;br /&gt;Levantó los brazos para que sus axilas aprobaran la temperatura del agua, se frotó los costados y dispuso de frente su cabeza bajo el chorro de la regadera, tapó sus ojos con las manos y sintió el agua derramarse por su frente y ambas sienes, hilillos de agua corrían entre sus manos escurriéndosele en los codos, por la nariz sintió el calor subido mientras enjuagaba su boca con un poco del líquido.&lt;br /&gt;Dejó correr un par de minutos el caudal sobre su cuerpo, el contacto con un agua abrasadora y el olor del vapor eran para Alicia un placer íntimo, la relajaban sobremanera. No conocía otro método mejor para poner su mente en blanco que sentir su cuerpo arder por un agua más que cálida.&lt;br /&gt;Dos o tres telefonazos tuvieron que pasar para que congeniaran una comida china por el centro de la ciudad, cuatro días más tarde un café. La compañía de Alejandro le había resultado grata en ambas ocasiones, platicaron con inusitada confianza de una variedad de temas, desde los más vacuos hasta cuestiones personales. Su carácter era afable, su trato liviano y ocasionalmente interesante, no le conocía bien pero aparentaba ser sincero, y eso era lo más importante. Alicia sacó en claro de ese par de reuniones, que Alejandro era el tipo de persona que le venía bien de momento, no obstaba el que estuviese casado.&lt;br /&gt;Cerró la regadera, respiró profundo con toda la intención de sofocarse con la humedad del ambiente, cogió del estante una esponja y jabón, los restregó entre sí hasta obtener una buena cantidad de espuma con la que empezó a untar sus brazos y sus pechos.&lt;br /&gt;El vapor se condensaba en infinidad de gotitas que formaban una película en el techo y las paredes, ella continuaba bañándose de espuma. Una vez que se vio cubierta de jabón, limpió con la palma de la mano el empañado espejo que colgaba arriba del estante, en un breve giro este nuevo punto de vista le había convencido, compraría una esponja más larga, para alcanzar a untarse de espuma la espalda.&lt;br /&gt;Después de seis meses viviendo sola, Alicia tuvo la certeza  de que lo mejor era el divorcio. Tanto ella, como su esposo, con trabajo estable y bien remunerado, sin hijos por atinada procuración de ella y con una aparente vida social incólume,  habían decidido separarse legalmente, ha sólo dos años de su matrimonio, como de misterio. Les faltó noviazgo, decía la suegra de Alicia.&lt;br /&gt;Recordaba los últimos meses de convivencia conyugal como una tragedia personal, estabilizarse en su nueva vida había sido tarea de un par de meses, relativamente sencilla. Nunca perdió el piso ni en el aspecto laboral ni con su círculo de amistades más próximas, pero su vida sexual, inquieta por naturaleza, ya hacía agua, las alertas del barco encendían sus farolas.&lt;br /&gt;Caía sobre la piel de Alicia un agua templada, el blanco de la espuma se veía escurrir para mostrar el color sonrosado de la piel. Por todo su cuerpo el agua arrastraba jabón y descubría una silueta mesurada de proporciones justas, sus senos no eran pequeños en ese delgado y largo talle, así como sus caderas no eran tan grandes como su cintura hacía creer.&lt;br /&gt;Enjuagó la esponja restregándola en su cara, después se la pasó por todo el cuerpo esmerándose en los hombros y en el pubis, puso un poco de enjuague en su cabello para después cerrar la regadera, se acercó una toalla para envolverse el pelo. Rayó su nombre con un dedo en la pared y acercó la cara ante el espejo, fijó la vista en sus ojos,  vio cómo el claro color de éstos  se acentuaba con el sonrojado de su piel irritada, empañó con vaho el centro del espejo. Cogió otra toalla, secó la parte descubierta de su cabeza, sus hombros y espalda, se izaron sus pezones al paso de la toalla,  repasó el monte de venus para dejarlo fresco y despejado, pasó a sus piernas y las admiró por instantes, le había costado algunas horas de repeticiones en el gimnasio marcar los muslos y redondear las pantorrillas, pasó la toalla fregando sus plantas y estrujando el empeine y los dedos de unos pies menuditos.&lt;br /&gt;De cuatro meses a la fecha empezaba a atender algunas invitaciones,  sus varios pretendientes tenían matices variados, alguno arrogante, otro prepotente, algún otro demasiado lascivo. Su experiencia sexual más reciente había sido poco gratificante, en una salida a un bar con un grupo de amigas, había mantenido contacto sexual casual con un desconocido del que nunca volvió a saber nada y que en la cama le hizo recordar a su marido. Se juró no volverlo a hacer.&lt;br /&gt;Nunca había aceptado una tercera cita a nadie, hasta que Alejandro se la propuso, poco antes de que se despidieran en el café, la invitación era a tomar una copa.&lt;br /&gt;Después de tanto tiempo de no sentir un orgasmo de verdad, Alicia sólo esperaba que tres o cuatro copas no transformasen a Alejandro. Si bien, no esperaba que ésta reunión le brindara su anhelo, intuía que en un futuro próximo podría suceder. Alicia captaba en Alejandro cierto humor que la orillaba a pensar así, no sabía el porqué, pero tenía fe en él. Debía ser bueno, pensaba.&lt;br /&gt;Desnuda salió del baño hacia su alcoba, de los entrepaños del clóset sacó una bata y la tiró a la cama, abrió un cajón, de la variedad de pantaletas que asomaban escogió una entresacada color rojo. Era una de las trusas que mejor le acomodaba, abrió completa la puerta del clóset para verse de cuerpo entero en el espejo pegado en la parte interna, se metió en las pantaletas. La trusa se ceñía perfecta a los contornos de su cuerpo vistiéndola incitante y provocadora, caminó de frente, de la  diminuta pantaleta alcanzaban a asomarse algunas puntas de su vello púbico. Posó de perfil, sus piernas se veían hermosas resaltadas por el entresacado. Viró para verse de espaldas, con los índices acomodó las bragas colocándolas en el sitio justo, ahí donde cubrían parte del misterio de sus firmes glúteos, y a su vez descubrían otra parte mesurada y exquisita de sus carnes, el color rojo de la prenda contrastaba con el blanco leche de la piel de Alicia, subrayando la delicadeza y hermosura de sus nalgas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;4&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Salió del mini súper con un café en la mano y se volvió a su vehículo, no quiso laborar en sábado y tuvo que trabajar hasta tarde la noche anterior, se sentía sólo un poco fatigada, nada que el líquido indicado para una mañana fresca no pudiera mitigar. Observó el tablero mientras se colocaba el cinturón y arrancó desplazándose a la caseta para pagar la cuota.&lt;br /&gt;Desde siempre le gustaba salir a carretera, cuando niña podía seguir el viaje por la ventanilla hasta cinco o seis horas antes de caer dormida. La primera vez que como conductora le tocó recorrer un trayecto, su papá la felicitó por la tranquilidad con que llegaron a su destino. No dejaba pasar la oportunidad de coger el volante al menos una hora siempre que se presentaba la ocasión, ahora por razones de trabajo, desde hacía medio año, salía un par de veces al mes. Al principio la empresa la requirió como reemplazo de un auditor de insumos, ahora ya le promovían la vacante, Abril  no apuraba los trámites, al contrario, desde que lo comentó con Alejandro y vio su respuesta negativa -de hecho ya la esperaba-, no sabía si pedir la cancelación definitiva del movimiento en el escalafón o dejar que los trámites siguieran su curso.&lt;br /&gt;Le gustaba correr, los  230 kilómetros que tenía por delante bien los podría recorrer en un par de horas, sin embargo, la ocasión ameritaba una velocidad moderada, tenía ganas de hacer algunas paradas, desayunar, comprar algo. Intentaría hacerse un regreso placentero. Consciente o inconscientemente estaba convencida de que pronto se acabarían esos viajes por autopistas.&lt;br /&gt;Alejandro había acompañado a Abril a distintas comisiones, tres o cuatro, argumentaba que la carretera para una mujer sola podría ser peligrosa, quería averiguar en qué tipo de hoteles se hospedaría y qué tipo de obras supervisaría, entre otras cosas. Alejandro dejó de acompañarla cuando se dio cuenta que él mismo no corría ningún riesgo, y que a veces su presencia resultaba incomoda para el desarrollo de las labores de su esposa.&lt;br /&gt;La carretera era amplia, proyectada para evitar las más curvas posibles que el atravesar de los montes permitiera, balizada constantemente y limpia, aquella mañana se encontraba sin más tráfico que algunos vehículos que se emparejaban y después se perdían delante o detrás de Abril.&lt;br /&gt;Mientras atendía las maniobras para cruzar un cerro partido por una larga recta pensaba en Alejandro, supo que era celoso, no cuando se conocieron, ni aún cuando estrecharon amistades, sólo hasta después, cuando a los pocos meses de presentarse como novios le dio por tratar de controlar sus amistades, en aquella ocasión Abril lo hizo entrar en razón con muestras de cariño, algunos argumentos, cantidad de besos y algo de sexo. Ella lo adoraba y él empezaba a tener sentimientos especiales para ella.&lt;br /&gt;Los señalamientos le indicaban una próxima parada, quería apearse en el mirador del puente. Cinco minutos después se aparcaba a un lado de la toma de agua y bajaba de su vehículo para observar una barranca verde, arbolada, donde abajo al fondo, se alcanzaba a adivinar una tenue vena, un río de cauce agitado. Perdida en la lejanía, su corazón le preguntaba si había sido una buena decisión haberse casado con Alejandro, en cinco años ya se lo había preguntado un par de veces con antelación.&lt;br /&gt;Ella directa o indirectamente participaba en la construcción de esos puentes y esas carreteras, cosa que la hacía sentirse feliz, sin embargo, otro momento duro en su relación con Alejandro fue cuando le hizo saber que estudiaría Ingeniería. Él le decía que no era el mejor medio para una mujer, que debería pensarlo bien, que no había ningún ingeniero en su familia. Ella lo tenía bien decidido. Alejandro se distanció, no la llamaba, no la buscaba, a su vez, ella tampoco hacía intentos de comunicarse con él. Entristeció pensando que poco más de un año de relación con Alejandro se iba ineluctable, su relación con más momentos agradables que desafortunados se iba al tacho y no lo podía evitar, sus ánimos decayeron durante ese lapso. La alegría volvió a ella cuando una noche, él apareció por su casa ofreciendo una disculpa por su repentina ausencia, del tema de los estudios no se habló nada. Festejaron la reconciliación haciendo el amor en repetidas ocasiones en un buen motel de las afueras de la ciudad.&lt;br /&gt;Arrancó el auto, eran las diez de la mañana y necesitaba desayunar, aceleró la marcha. Después de bajar por unas curvas algo prolongadas durante un cuarto de hora, el panorama le mostraba una inmensa llanura dividida en distintos cultivos, el riego en ellos era uniforme y repetitivo, ya se asomaban de la tierra los primeros brotes de la futura cosecha. Algunos kilómetros adelante abandonó la carretera principal.&lt;br /&gt;No era afecta al turismo regional pero sus compañeros de trabajo le insistieron tanto que parara a comer ahí. Ella tenía sus motivos para no hacerlo, no se los comentó, sin embargo ante tanta insistencia siguió las sugerencias, nada es del todo gratuito. Se encaminó al kiosco buscando el mercado por un costado de la plaza. Estacionó su vehículo en la acera de los portales, escogió una birrieria en específico.&lt;br /&gt;El detalle fue lo que le sorprendió. En cinco años de novios nunca había salido a comer fuera de la ciudad con Alejandro, una vez sufrida su separación recordaba alguna comunicación esporádica entre ambos, su amistad no se congeló totalmente, hasta que un día pasados más de dos años, Alejandro le hizo una extraña invitación a comer, no le quiso dar detalles. Cuando se encaminaron a las afueras de la ciudad Alicia pidió el volante. No sabía que él tenía gusto por los restaurantes campestres, pensó que Alejandro estaba adquiriendo algunas aficiones de abogado. Aquella ocasión él se presentó como la persona de siempre, con la diferencia que en el trato cotidiano se había vuelto más formal, daba un nuevo aspecto, a ella le cayó en gracia. Después de aquel día las amistades volvieron a estrecharse. Habrá sido quizá un año antes de su matrimonio.&lt;br /&gt;Pidió un plato chico de Birria sin cebolla, le ofrecieron soda la cual declinó. Las mesas metálicas con su mantel de rayón, la salsa, el salero y el botecito de los palillos eran iguales, quizá el mesero sería el mismo, el sabor de la birria no lo recordaba pero le era muy sabroso, bien podría ser el mismo. Habían pasado más de seis años, ahora a sus 30, Abril se veía sentada en la mesa de enfrente y se pensaba una niña encantada de un hombre, a pesar de conocerle.&lt;br /&gt;Las recurrentes infidelidades de Alejandro le planteaban un dilema más allá de sus posibilidades de solución. Sentía una injusticia el renunciar a su ascenso, el remache era, además, sentir amargada su conciencia ¿Sería suficiente como para cambiar de vida?&lt;br /&gt;Estaba enojada, o enchilada, no sabía, lo que sí, es que a veces se excedía en el picante. Cuando encontró la trusa roja la extendió, sabía que no era suya, la miró calculando proporciones y la tiró a la basura, no era la primera que encontraba desde que tenía convivencia íntima con Alejandro. Agradeció por las atenciones y dejó una propina al mesero, salió del lugar con rumbo a los abarrotes, ahí pidió un bote de agua fría, para después volver a su carro.&lt;br /&gt;Tomó hacía la autopista, estuvo tentada a parar a comprar fruta en el crucero pero se sintió indispuesta. Pisó el acelerador. Conforme fueron transcurriendo los kilómetros la congoja se le fue acrecentando hasta soltarse en llanto.  Mientras caían lagrimas sobre sus mejillas, no dejaba de mirar al frente y con ambas manos sostenía el volante. Calculaba, deducía, intuía, reflexionaba.&lt;br /&gt;Una vez tomada la decisión se serenó, sintió una recogida tranquilidad interior que le duró una hora; después de haber subido y bajado un cerro, la ciudad ya se ofrecía en parte, daban poco más de la una de la tarde, aunque el tráfico no estaba tan cargado, el sol del medio día calaba fuerte y dentro de poco la ciudad sería intransitable, presta como pudo, siguió la vía más expedita para llegar a su casa. Quería descansar un poco para después ir al gimnasio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="font-size:180%;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);"&gt;5&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El gusto por las trusas lo tenía desde que conoció la experiencia del contacto sexual. Al principio como una travesura, después como muesca de contabilidad, continuó por último como una discriminación perversa entre mantener sexo con algunas mujeres a diferencia de otras.&lt;br /&gt;El que la primera vez le fuese sencillo apoderarse de unas pantaletas, le hizo pensar que el camino estaba allanado, sin embargo, en más de una ocasión tuvo que hacer la prenda perdidiza para adueñarse de ella, en otras, para obtenerla tuvo que intercambiarla por corbata o calcetines, en alguna otra, su pareja ocasional, al verse privada de sus calzones, estalló iracunda, para evitar una desavenencia trascendente devolvió las trusas.&lt;br /&gt;La gama de situaciones que se le habían presentado a lo largo de su vida le orillaron a ser selectivo, con el tiempo no cualquier pantaleta le satisfacía, prefería los diseños ligeros y atrevidos así como los colores tenues y discretos, de cualquier forma la prenda no valía nada si no estaba ligada de algún modo a la mujer que la vestía. Si ella no dejaba huella de alguna manera en su ánimo, en sus afectos, ni siquiera intentaba allegarse de la trusa, pero si por el contrario, ella había causado impacto en él, no obstaba que fuese un anodino calzón, hacía hasta lo imposible por verse recompensado por el preciado trofeo.&lt;br /&gt;Desde muy joven tenía la necesidad de convivir con féminas, apenas entrada la adolescencia ya sentía la necesidad de acercarse, tocar y de ser posible besar, era cuestión de tiempo. La primera vez que mantuvo relaciones sexuales fue en la casa de una compañera de secundaria, mientras hacían la tarea.&lt;br /&gt;En el piso de abajo la mamá preparaba la comida y la hermana mayor veía televisión. Ellos estaban en el cuarto que ella compartía con la hermana mayor en la planta alta, pendientes de la escalera empezaron besándose de apunte en apunte. Cuando oyeron que la hermana saldría a los abarrotes hicieron a un lado los cuadernos, comenzaron a besarse con ahínco, ella levantó su camiseta arriba de los senos mientras él tentaleaba su cuerpo e implantaba una mano en la vulva de su amiga, repasaba con sus yemas el coñito cuando ella se levantó de la silla, le instó para que continuara con lo siguiente, él de entrada no entendió, paró un segundo que ella aprovechó para desabrocharle el pantalón, su pene erguido se asomó enhiesto, oscilante. Enterado así, metió las manos bajo la falda de ella, cogió sus trusas y las bajó tallándolas contra sus caderas y sus piernas, cayeron a sus talones enrolladas. La acercó a su cuerpo y ella se fue sentando sobre él. Él se sacudió al sentir su órgano resbalar por entre las paredes de carne ardiente de ese hueco lubricado, un ansia le corrió por la columna, no podía estar quieto, empezó a mecerse mientras ella le cubría de besos la cara. Ella se apuraba excitada, sabía que el acto debía ser momentáneo y silencioso, por eso con sus labios cubrió los de él mientras su cuerpo por dentro bullía en el clímax; él sufrió la nueva sensación, sus manos cogían las costillas mientras sus labios acoplados a los de ella se batían en una intensa pero cariñosa lid. Emocionado hasta un punto en que se sintió quebrar, su cuerpo entumeció al paso de una especie de corriente eléctrica, sintió su falo hincharse y eyaculó mientras abrazaba fuerte a su pareja.&lt;br /&gt;Ella se levantó de inmediato, acomodó su falda y camiseta mientras él abrochaba sus pantalones. Retomaron la compostura, ella se sorprendió de que él tuviera algunas gotas de sudor en la frente. Ambos pensaban en la mamá, no estaban seguros de haber sido lo suficientemente discretos, entonces escucharon su voz, la señora les pedía que bajaran a comer.&lt;br /&gt;Mientras ella buscaba sus calzones le pidió que se refrescara un poco, la mamá volvió a insistir, ella un tanto desesperada le dijo que estaría abajo y salió del cuarto. Él se levantó de la silla y se fajó, cerca de su maletín, en el suelo, vio las trusas verdes, las cogió, las hizo bolita, después de olerlas las guardó en su mochila. Sonreía mientras bajaba la escalera. Esperaron en la mesa un par de minutos a la hermana mayor y comieron.&lt;br /&gt;Subieron de nuevo al cuarto, ella de reojo revisó el espacio y al no encontrar la prenda tomó otra del ropero, mientras se la ponía, él ya se abalanzaba sobre ella, le recordó que la hermana mayor había regresado. Se sentaron a intentar terminar el trabajo escolar, pasados algunos minutos quedaron en que al día siguiente lo terminarían. Salieron de la casa. Ella lo acompañó hasta una esquina, ahí se dieron un beso de despedida.&lt;br /&gt;Cuando él llegó a su casa sacó el calzón de la mochila, lo extendió, lo recorrió todo con sus dedos, se lo talló en la cara probando su tersura y después lo guardó en un cajón.&lt;br /&gt;Con el tiempo había llegado a tener una considerable cantidad de calzones, un día los sacó del bote donde para entonces los guardaba y tiró todos a la basura, con excepción de tres, los más recientes de la época. Así mantuvo la cuota, cuando llegaba el cuarto, tiraba el primero, siempre tres calzones, a veces cambiaban muy pronto en otras se mantenían por meses.&lt;br /&gt;Con Abril no había sucedido lo mismo. Recordaba la primera vez que la había visto despojarse de un bikini azul cielo, era muy joven, sin embargo, en la cama se comportaba con una naturalidad inquietante. No tenía pena de verle a los ojos mientras él se sacudía dentro de ella, sollozaba, rompía el ritmo para sonreír. Pasaban los años y no olvidaba esa primera vez, ya casi para vestirse, todavía en la cama, estuvo tentado a pedirle que le regalara el bikini pero un miedo a travesó su pensamiento, supersticioso, pensó que si lo hacía, ella se alejaría de él. Se abstuvo.&lt;br /&gt;Los siguientes años mantuvo una relación sentimental con Abril que sentía profunda y que terminó porque después de cinco años, la siguiente exigencia en su trato indicaba vivir solos, juntos bajo un mismo techo. Para ambos esto era imposible, él apenas realizaba los primeros logros importantes en su vida profesional, ella estaba absorta en terminar el último tramo de  su carrera y recién ingresaba a la vida laboral, ambos prefería aferrarse a su familia que intentar formar una distinta.&lt;br /&gt;Quedaron como amigos, de forma paradójica, trataban de frecuentarse lo menos posible, sin embargo, alguna pena latente, alguna novedad sorpresiva, terminaba por acercarlos aunque sólo  fuera por teléfono o en alguna visita breve. Durante este lapso comprobó lo que venía corroborando aún antes de conocer a Abril y mientras convivió con ella, no había ninguna que se le asemejara.&lt;br /&gt;Pasados dos años se la ingenió para contagiarle una breve chispa de su necesidad, se acercó a ella y se regalaron algunas horas entre sí. Después de aquel día supo que se casaría con ella.&lt;br /&gt;La veía pequeña y amorosa, por eso siempre recurría a ella como una fuente fiel donde abrevar las aguas. El hecho de que aún no tuviesen hijos era lo único que le preocupaba. Más ahora, no había salido muy bien parado del enfrentamiento que había tenido con Abril en días pasados. Ahora sabía con certeza que le sería imposible vivir sin ella.&lt;br /&gt;En su primera época de noviazgo nunca se alcanzó la cifra, tres. O ella los encontraba o él los tiraba para que ella no los fuera a encontrar. En alguna ocasión guardó unas pantaletas debajo del asiento del carro un par de días, antes de arrojarlas por la ventanilla a la calle. Comenzó a perder gracia el juego, decayó en él el habito de atesorar calzones y aun el de mantener relaciones sexuales con otra mujer que no fuese Abril.&lt;br /&gt;En su segunda época le dio por tener las tres prendas en un cajón de su escritorio, después de que éstas no variaran en un lapso considerable, además de tener que mantener bajo llave el cajón, tomó la decisión de deshacerse de ellas, las tiró en el bote del estacionamiento. Ese día también decidió dejar el hábito.&lt;br /&gt;En cinco años de matrimonio sólo había sido infiel cinco veces, de aquellas, en ninguna se había visto tentado a hacerse de la prenda de sus encantos, con excepción de ésta última, misma  que le había ocasionado el desaguisado que lo tenía perplejo.&lt;br /&gt;Cuando vio la figura de Alicia coronada en su centro por tan delicada prenda, no dudó. Mientras descansaban abrazados, él le dijo que se quedaría con las bragas, se subió sobre de ella, la besó en la boca y le dijo: "Como éstos no he visto ningunos, ya son míos". Ella quiso interpelarlo pero él ya empezaba a penetrarla.&lt;br /&gt;No entendía por qué no los había tirado, cuando en su casa tentaleó los bolsillos de su pantalón y sintió el bulto, volteó para todos lados, Abril estaba en la cocina, pensó en llevarlos a la recamara, lo pensó mejor y escondió la prenda en una maleta con cables y herramientas arrumbada en la cochera, con la idea de deshacerse de ella lo antes posible. Sin embargo, la negligencia fue cómplice de su reticencia a desprenderse de su más reciente presea. Con Alicia las cosas apenas comenzaban, los tiraría después.&lt;br /&gt;Ya no los volvió a ver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;6&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había asistido a pocas juntas, pero cada vez estaba más convencida que el aparente mundo feliz de los mandos medios en la empresa, no era otra cosa que un incierto círculo cerrado de amistades hipócritas e interesadas, infieles y mentirosas. Tanteaba que esas recurrentes reuniones a las que convocaba la gerencia regional se realizaban con el único fin de calar el nervio de sus colaboradores, de buscar algún hilo suelto en la madeja, de ahí que desde que le tocaba asistir al grupo compacto, la discreción y la buena educación fuesen la divisa que distinguiera su presencia.&lt;br /&gt;Pocas variantes había entre una sesión y otra, al principio en tanto los seis participantes se servían café, agua o soda y quizá galletas, la charla se orientaba a ningún tema en específico, que podía variar desde fútbol hasta la reseña de algún best seller de literatura que algún miembro de la ronda comentase con fruición. La disposición de los asientos para cada miembro era azarosa, con excepción de la del gerente regional, que en su carácter preeminente siempre ocupaba la única cabecera con silla. Una vez dispuestos en sus asientos y después del previo, las voces empezaban a cesar para dar paso a que el Ingeniero Ramírez tomase la batuta y marcase la pauta de los temas a desarrollar.&lt;br /&gt;Como todos los lunes, se hizo el balance de las labores realizadas la semana anterior y se proyectaron los trabajos para los siete días posteriores, se repartieron comisiones y se leyeron comunicados emitidos por la gerencia general. Para terminar la reunión el licenciado Ramírez hizo hincapié en el excelente desarrolló que a la fecha Abril había demostrado en su nuevo puesto. Ella alcanzó a percibir cierta tensa cordialidad, de ahí que agradeciera la deferencia y subrayara que su objetivo primero en la empresa, ante sus nuevas responsabilidades, era estar a la par de todos y cada uno de los ahí reunidos, les dijo que para ella era un honor poder formar parte de ese equipo. De Alba, subgerente regional, tomó la palabra para poner a la disposición de Abril su experiencia y apoyo en cualquier caso que ella lo creyese necesario, los otros participantes en la junta repitieron la oferta, pronto todos estaban en el mismo tenor. Ramírez veía cómo los engranes de su relojito se acoplaban y se sintió satisfecho, preguntó a los presentes si habría algún tema por tratar que a él se le hubiera escapado, todos callados voltearon a verse entre sí mientras Ramírez sacaba de una carpeta varios juegos de fotocopias que repartió entre sus subordinados. Abril recibió el suyo, era costumbre de Ramírez terminar las juntas repartiendo capítulos de libros de filosofía de bolsillo. Sin previo aviso, entre semana, llamaba a cualquiera de los ahí reunidos y les preguntaba su opinión personal de los mensajes que distribuía. Ramírez cerró la sesión y les deseo un buen inicio de semana.&lt;br /&gt;Ramírez siempre era el primero en salir de la sala de juntas, nadie lo seguía. Abril se levantó de su asiento, cogió su carpeta y tomó la salida, De Alba la abordó.&lt;br /&gt;-¿Qué tal de fin de semana, Ingeniero?&lt;br /&gt;Se conocían de un par de años, De Alba había llegado a la empresa para el puesto de auditoría, había tenido que cambiar de residencia y ni él ni su esposa conocían la ciudad, la consultó sobre mueblerías y decoradores, ella le hizo algunas recomendaciones que De Alba siguió. Rompieron el hielo cuando él le hizo saber que sus sugerencias le parecieron excelentes y charlaron de gustos personales. De manera ocasional tomaban juntos el café en los pasillos de las oficinas, intercambiaban impresiones sobre resistencia de materiales y de los distintos adelantos tecnológicos en el ramo de la construcción. Su relación no se acercaba ni poco a las fronteras de la intimidad, y sin embargo, lo único que se le venía a la cabeza era la amarga discusión en que se había convertido la noche del sábado, se guardó de comentarle.&lt;br /&gt;-Bien, muy bien Ingeniero- contestó seca, mal humorada.&lt;br /&gt;De Alba captó que no le iba a devolver la pregunta y después de darle el último trago al café y tirar el desechable le dijo:&lt;br /&gt;-¿Tiene algún problema? Lo que dije en la junta es serio, si algo no esta funcionando o no está segura de que así sea, pida opinión, verá cómo es más fácil.&lt;br /&gt;Ella escuchaba a su compañero de trabajo, su irritación dio paso a la sonrisa que siempre implanta la ironía, sonreía burlándose de sí, descifrar el enigma en su trabajo había sido sencillo, comparado con aquél otro de su vida personal del que aún no encontraba una solución satisfactoria. De Alba vio el gesto en su cara y lo creyó una muestra afectuosa de amabilidad.&lt;br /&gt;-Gracias ingeniero De Alba, verá que de ser necesario lo consultaré, muchas gracias.&lt;br /&gt;Abril daba fin al encuentro encaminándose a la salida. De Alba escuchó en el tono de su voz cierta melancolía, antes que se alejara más le hizo un llamado.&lt;br /&gt;-Abril, si son cuestiones personales de igual forma busque opiniones, créame cuando le digo que usted es una persona brillante y muy capaz, no deje que los problemas la agobien.&lt;br /&gt;Abril volvió a sonreír y agradeció de nuevo, una vez afuera del salón tomaron distintos rumbos. Ella había notado que desde su ascenso De Alba la trataba con mayor familiaridad, sabía que no era el velo roto de la discriminación que se acostumbra entre pares con peso en el escalafón, sino un acercamiento personal de otro tinte.&lt;br /&gt;Rumbo a su oficina se lamentó de haber sido un tanto cortante con De Alba, estaba preocupada, no creía que fueran tan evidentes sus problemas personales. Había podido mantener ajenos sus conflictos privados a su medio laboral, precisamente con exceso de trabajo. Pero era lunes, comenzaba el día y ya tenía la baza en contra.&lt;br /&gt;Desde el día en que buscando unas pinzas en la maleta de la cochera se dio el machucón, se sentía irritable, mal humorada. No podía creer que a su edad, Alejandro, se permitiera desacatos de adolescente, no concebía el verse otra vez rodeada de las mismas circunstancias de aquella juventud, los celos la corroían en la medida que fue reconociendo que encontrar esa prenda dentro de su casa, era en cierto modo sacarla un poco a ella. Con los días se convenció de aquello que nunca creyó posible, que Alejandro pudiera prescindir de su presencia, que un día cualquiera le dijera maleta en mano, me marcho.&lt;br /&gt;Se imaginaba ella sola, desconsolada, sin más mira que verlo alejarse y sin más legado que la costumbre de obedecer, por eso, decidió separarse. Mucho significaba el que siempre trabara sus aspiraciones profesionales, así como también el que no tolerara el que existiese una esfera apartada de él donde ella fuera participe. Alejandro no pedía opinión, solamente opinaba. No podía seguir apostando a su derrota.&lt;br /&gt;Una vez tomada su decisión dejó pasar los días. Quería ver por las mañanas en qué se había equivocado, en qué momento ella sin saberlo debió darse cuenta que él ya no era suyo. Lo veía vestirse, se miraba en el espejo repasando las líneas del planchado, desayunaba ligero, comentaba de política y le preguntaba sobre su trabajo, para luego salir en su auto.&lt;br /&gt;Por las noches convivían, ella lo veía, lo miraba buscando el motivo, la sinrazón que le diera pauta a su razón, pero él era el mismo. No había error. Pero quién era él ahora. No encontrar la diferencia entre un antes y el ahora le angustiaba. Una de esas noches Alejandro le preguntó que si pasaba algo, le dijo que la sentía muy distante, ella se concretó a responder que no tenía ganas de sexo.&lt;br /&gt;Durante ese lapso encontró prospectos de vivienda y hasta imaginaba cómo amueblaría  el nuevo departamento. De su casa se llevaría sólo los arreos indispensables, así como aquellas cosas que no tuvieran razón de ser en el lugar una vez que ella se hubiera ido, sus libros, el reloj de pared regalo de la abuela, las figuritas de marfil que había comprado en la frontera, entre otras cosas. Llamó por teléfono a su madre para pedirle que la alojara algún tiempo, no quería pasar sola los primeros días posteriores a su separación. La señora le comentó que ella sería bien recibida en cualquier día y a cualquier hora, sobre todo si estaba en problemas, después la invitó tomar un café a su casa. Abril había encontrado la respuesta esperada, se comprometió a pasar el domingo temprano con ella. La noche previa anunciaría sus planes a su marido.&lt;br /&gt;Llegado el sábado le dio el día a la mucama, cuando volvió del gimnasio a media tarde se dedicó a esperar a Alejandro mientras hacía el aseo y escuchaba música. Él acostumbraba llegar entre las siete y las ocho, sin embargo, ya iban a dar las nueve, había terminado las labores y Alejandro todavía no se presentaba. Una repentina sensación de fatiga, un malestar, la invadió, quiso aliviar su pesar con un trago de tequila que se sirvió de una botella que sacó de la cantina, prendió un cigarro y se sentó en un sillón de la sala, tenía su mirada fija en el humo que su boca exhalaba, no quería hacer conjeturas sobre dónde se encontraba su marido en ese momento, mucho menos quería adivinar qué estaría haciendo.&lt;br /&gt;Pasaban las diez de la noche cuando escuchó el motor del carro de Alejandro apagarse, segundos después veía entrar por la puerta a su marido, aunque se quejaba del tráfico y la mala sincronización de los semáforos estaba sonriente, se acercó a Abril para darle un beso y le preguntó si ya había cenado, ella se levantó del sillón y cogió rumbo a la cantina, se sirvió otro vaso de tequila.&lt;br /&gt;-No tengo hambre-, dijo Abril.&lt;br /&gt;A Alejandro le pareció bastante extraño que ella estuviera tomando, que lo hiciera sola, le pidió que le sirviera una copa a él también. Ella puso en un vaso hielo hasta el tope, tanteó cuatro dedos de tequila y se lo acercó.&lt;br /&gt;-Necesito hablar contigo-, le dijo.&lt;br /&gt;Tomaba color la circunstancia, Alejandro sintió cierta tensión, más intrigado que preocupado, imaginaba que algo grave sucedía, ella tenía varios días que se comportaba hostil e indiferente. Ya esperaba la escena, pero ahora que la vivía, se percató de que los ánimos de Abril estaban más caldeados de lo que suponía. Caminó rumbo a la sala, se sentó en un sillón, dio un sorbo a su vaso y lo dejó en la mesa de centro.&lt;br /&gt;-Te escucho.&lt;br /&gt;Las primeras palabras le costaron trabajo, pero una vez empezado el discurso no paró. Su voz era sosegada, sin una carga de rencor, ni mensajes cruzados o recriminaciones, clara y directa le dijo que desde hacía tiempo ella se había dado cuenta que su relación había perdido sentido, que ya no la construían entre ambos, sino que era una inercia por comodidad, misma que ella quería romper porque ya no encontraba su acomodo, le dijo entonces que necesitaba separase de él, que aunque aún le quería, de unos días a la fecha estaba convencida de que no podía seguir haciendo vida con él.&lt;br /&gt;Alejandro escuchó atento, el discurso de Abril no disipó su duda al respecto del porqué ella estaba tan alterada, sin embargo, el oírle hablar de separación le despertó a Alejandro una sensación de irrealidad, rió nervioso y se acercó a ella, quiso tomarla del hombro para decirle algo, pero Abril esquivó su brazo, entonces Alejandro se asombró, la miró a los ojos, con un tono calculado que denotaba una falsa sumisión y anunciaba un dejo de agresividad le preguntó:&lt;br /&gt;-¿De qué estás hablando?&lt;br /&gt;No la dejó contestar, Alejandro le dijo que nunca había rehuido a sus responsabilidades, que él siempre había querido tener una casa y una mujer que la atendiera, sin embargo, le permitía a ella trabajar con el fin de que realizara también sus aspiraciones, porque él se preocupaba por la felicidad de los dos. Le dijo también que estaba de acuerdo en que su vida en común caía, a veces, en la monotonía, pero que eran baches que juntos debían salvar, que hacía tiempo él ya tenía la intención de proponerle que tuvieran un hijo, cerrar el círculo para ser una familia, tener una nueva razón para existir. Terminó su intervención invitándola a que tomara las cosas con calma, a que abrieran nuevos puentes de comunicación para evitar conflictos entre ambos.&lt;br /&gt;-Por mi parte te lo juro, dame tiempo y haré todo lo que sea necesario para enmendar esta situación, pero no te pongas así amor.&lt;br /&gt;Abril había escuchado frase tras frase sin encontrar en ellas un ápice de sinceridad, las sintió de rutina. Dio el último trago a su tequila, le supo amargo, rodó por sus mejillas alguna lagrima.&lt;br /&gt;-No podría tener hijos contigo, primero tendría que saber si te proteges cuando te acuestas con otras mujeres. Alejandro, mañana empiezo a empacar, quizá mañana mismo me vaya.&lt;br /&gt;Alejandro que pensaba que algo había enderezado el barco, se dio cuenta que se estaba yendo a pique, ahora estaba más preocupado que intrigado, su curiosidad estaba satisfecha en parte, la referencia a su infidelidad le marcó la pauta.&lt;br /&gt;-No me digas eso Abril, tú bien sabes que eres la única mujer en mi vida, ya antes lo hemos conversado, reconozco que he tenido mis errores pero son cosas que el pasado ya enterró, ¿Por qué sacarlo otra vez a colación? ¿Quién te ha puesto en mi contra? ¿Por qué me amagas de esta manera? Abril, dime qué pasa.&lt;br /&gt;De momento ella hubiera querido que no pasara nada, que no existiera conflicto, creer en sus palabras y tener la certeza de que todo era un malentendido, perdonarle para después besarlo y llevarlo a la cama para hacerle el amor con energía. Limpió sus lagrimas con el dorso de la mano.&lt;br /&gt;-¿De verdad no tienes idea de lo que pasa?-, dijo mientras en su cara se dibujaba una mueca que aparentaba una sonrisa.&lt;br /&gt;Tanto misterio impacientó a Alejandro, lo tomó a burla y la temperatura le subió a la cabeza, pensó en la remota posibilidad de que Abril lo estuviera cambiando por otro hombre, dio un trago a su bebida y el escozor que provoca el tequila se confundió con aquel otro que rumiaba en su estomago, nacido del hecho de imaginar que su mujer se ayuntara con otra persona que no fuese él.&lt;br /&gt;-Déjate de tonterías Abril, tus razones suenan vacías, no puedo creer que hoy me digas que mañana te vas, ésta es tu casa, juntos la hemos ido llenando de cosas, de muebles, de detalles, de recuerdos, ¿Qué te falta? Por las mañanas salgo de este lugar con la idea de volver aquí a la noche sólo para encontrarte. Sabes que yo también te quiero, por eso, el que viajes y te ausentes dos o tres noches me vuelve tan infeliz. Abril, cambia de trabajo, toma unas vacaciones, tengamos un hijo. O es que hay algo que te lo impide, acaso alguien se ha presentado en tu vida y ahora te quieres marchar, ¿Estás segura de lo que me dices?&lt;br /&gt;-Eres cínico y mentiroso-. Abril se defendió atacando, la intervención de Alejandro le sonó francamente agresiva.&lt;br /&gt;-Quien debería dejarse de tonterías eres tú. No dudes de mi fidelidad, duda de ti, de cada una de tus palabras, eres tan bueno para fingir que podrías engañarte a ti mismo. Duda de tus acciones, porque a tu edad es patético esconder calzones en maletas arrumbadas. No sé con quién te acuestas pero te podría decir que sus medidas no son mejores que las mías. No sabía que te gustaban las adolescentes.&lt;br /&gt;Alejandro se quedó de una pieza, se le iba el color y luchaba por que no fuera así, aún quería guardar la sospecha, pero Abril había rebasado cualquier sospecha, tenía la firme convicción de que él le era infiel.&lt;br /&gt;-No entiendo, no sé de qué hablas-, le dijo Alejandro mientras se le venía a la mente la silueta de Alicia retozando en la cama de un motel.&lt;br /&gt;Abril esperaba un poco más, una habilidosa explicación, alguna mentira ingeniosa que lo librara de cualquier responsabilidad, estaba decepcionada.&lt;br /&gt;-¿Sigues sin entender, sin saber qué pasa, ni qué me falta? Alejandro, yo te creía otro pero veo que eres el mismo, por eso mejor me voy.&lt;br /&gt;Abril caminó rumbo a la alcoba, esperaba de Alejandro el grito que le ordenara que se detuviese, pero sólo escuchaba sus pasos a cada paso que daba. Entró al cuarto, se tiró en la cama y tapó su cabeza con una almohada, lloraba a sollozos, sus pensamientos discurrían cada una de las palabras que había dicho y escuchado, quería convencerse de que estaba haciendo lo correcto.&lt;br /&gt;Pasaron los minutos mientras Alejandro maquinaba como salir del paso, estaba consternado, molesto consigo mismo, no se perdonaba la falla, un error imperdonable, ahora el problema se le salía de las manos. Tenía confianza en que Abril no le abandonaría, pero la tarea para evitarlo era difícil al grado de hacerle pensar en si valdría la pena intentarlo, si no fuese mejor dejarla ir, desechó de inmediato esos pensamientos y concluyó que estaba aturdido, confundido. Una profunda tristeza embargó sus sentimientos.&lt;br /&gt;Se dirigió a la recamara, entró y se sentó en la cama, a un lado de Abril. Entre lagrimas le pidió perdón, reconoció que se había equivocado, no intentó esgrimir excusas, le concedía la razón en cuanto a restarle toda credibilidad pero a su vez le pedía que no fuese tan severa con él. Como un último favor le pidió que no se marchará el domingo.&lt;br /&gt;Alejandro salió de la habitación, se sirvió otro tequila para después irse a recostar en el sillón. Abril había escuchado el monólogo de Alejandro a lo lejos, estaba sumida en sus propios pensamientos y sensaciones, le fue difícil conciliar el sueño.&lt;br /&gt;El domingo se despertó temprano todavía cansada, Alejandro aún dormía, silenciosa se alistó y fue a tomar el café a casa de su madre. Conversaron, Abril no quiso ser específica en detalles, le comentó que estaba tentada a pasar esa misma noche ya entre ellos, escuchó de su mamá el reiterado respaldo a sus decisiones, así mismo le hizo saber que tanto su papá, como su hermana, estaban enterados y aprobaban la posibilidad de pasar una temporada juntos. Sólo era cuestión de que Abril diera el paso.&lt;br /&gt;Dejó correr algunas horas, llegó su hermano de visita con esposa e hijos, comieron todos juntos, después de una larga sobremesa anunció su retirada, su madre la despidió en la puerta. Decidió regresar a su casa a armar parte del equipaje, darse un baño y tomarse un par de pastillas para dormir desde temprano, pasaría la noche ahí, le resultaba más práctico, quería llegar a su trabajo fresca y descansada.&lt;br /&gt;Pasaba el medio día, había estado muy solicitada al teléfono durante toda la mañana, recién recibía el informe de una obra de su particular interés, quería darse la tarde para analizarlo. A intervalos se le presentaba en el pensamiento Alejandro, la noche del domingo había estado obsequioso, muy afable, él no insistió en tratar el tema que los tenía desavenidos, ella no recordaba, pero quizá durmieron abrazados. Se preguntó si su capacidad de perdonarle tendría relación con la capacidad de Alejandro para humillarse.&lt;br /&gt;Llegó la hora de la comida, salió de su oficina al comedor donde ya la esperaba una ensalada, una de sus subordinadas se la había preparado desde su casa, Abril gozaba de un aprecio especial entre sus colaboradores. Una vez terminado el plato volvió a su oficina, abrió el archivo en su computadora y entró al reporte. Después de leerlo, cruzar información y datos con otros informes, estaba convencida de haber encontrado algunas anomalías, desviaciones de las que todavía no sabía bien su magnitud y que esperaba fueran mínimas, aunque el resultado sería el mismo en caso de comprobarse, la empresa no toleraba sobresueldos de ningún costo que incidieran directamente en su cartera.&lt;br /&gt;El que la firma de Ramírez no fuese la importante en su nombramiento, sino que se decidiera desde las oficinas centrales, y el que su antecesor durase en su puesto poco menos de un año, le indicaban que debía dar tiempo al tiempo. La cercanía que procuraba De Alba para con ella en fechas recientes la tenía pensativa, no estaba segura todavía que él estuviera inmiscuido en manejos turbios, quizá sólo buscaba información sobre una posible caída de Ramírez siendo él el relevo natural. Aunque no le sorprendería que estuviera inmiscuido y, además, sucediera al gerente en un momento determinado. Lo tenía por astuto y capaz, razón por la que no se fiaba de él, no se dejaba envolver en sus buenas maneras.&lt;br /&gt;Hizo un extracto de lo relevante en el informe y lo guardó en un disco, lo rotuló para colocarlo junto con otros cinco en un archivero, un sexto capítulo que guardó celosa bajo llave. Cuando se dio cuenta estaban por dar las ocho de la noche, lamentó su situación. Debió haber salido al menos dos horas antes para continuar con los preparativos de su mudanza. Pasaría otra noche con Alejandro. Salió de la oficina, se despidió de las personas con las que topaba camino al estacionamiento de manera cordial y afectuosa, pero en su interior se sentía molesta consigo misma por posponer sus planes, le disgustaba creer que no sería capaz de concretarlos.&lt;br /&gt;El estacionamiento estaba bien alumbrado, quedaban pocos carros, distinguió el suyo y fue directo a él. Mientras insertaba la llave en la cerradura y botaba el seguro se percató que el limpia brisas prensaba un papel, lo jaló y lo desdobló, tenía escritas un par de palabras con la mejor caligrafía de Alejandro.&lt;br /&gt;TE AMO.&lt;br /&gt;Sacudió su cabeza mientras guardaba el papel en su bolso, no pudo reprimir una sonrisa,  abrió la puerta y en el asiento encontró tendida una rosa roja de largo tallo y pétalos gigantes y olorosos, la cogió para llevársela al olfato, de ella colgaba otra nota de Alejandro, “Tú le das luz a mi vida, no me dejes”. Estaba desequilibrada, del regocijo causado por el detalle, al repudio por la persona que lo realizaba, iba y venía. Pasó al asiento de al lado la flor, se cruzó el cinturón y pensó que lo mejor era no forzar los acontecimientos y dejarse querer un rato. Intuía que Alejandro la esperaba en casa con la cena preparada y quizá algún regalo. Se echó en reversa virando para la izquierda, enderezó la dirección y dio marcha adelante rumbo a la caseta, directo a la salida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span style=";font-family:times new roman;font-size:180%;"  &gt;&lt;span style="color: rgb(255, 255, 0);"&gt;7&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div  style="text-align: right; font-style: italic;font-family:webdings;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;“Quiero verla en el show&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;es como un gato siamés&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;su cola arde en el risco,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;al menos no moriré,&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;si todo me sale bien&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;lo haré de nuevo otra vez”.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;"El rock del gato"&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family: times new roman;"&gt;Los ratones paranoicos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sufría el marasmo que provoca esa realidad concretada, tan lejos y a su vez tan cerca. Caían las prendas al suelo mientras Alejandro observaba complacido, degustaba el lado dulce de su derrota, había amarrado en parte su estabilidad emocional, ahora volvía a disfrutar la sensación del equilibrista que camina por la cuerda sin mirar abajo. Alicia despojada de sus ropas bailaba, caminaba al ritmo de cumbia alrededor de la redonda cama. Así era ella, natural, como nacida desnuda, entrada en el disfrute giraba sobre sí en lo ancho de un mosaico.&lt;br /&gt;Alicia encantada. Cuando escuchó decir que sus trusas rojas ya no le pertenecían, se irritó, detestaba la abnegación y más para con un desconocido, estaba casi resuelta a dejar la intimidad. Alicia encantada. Cuando escuchó decir “te debo algo de lencería, te invito a comer”, se regocijó, nadie nunca le había comprado calzones, y Alejandro la invitaba a cojer otra vez.&lt;br /&gt;Se quedaron de ver en una plaza comercial, juntos deambularon por pasillos y aparadores. Frente a una boutique él le dijo que ahí le gustaría que ella escogiese, bragas, solamente bragas, las que ella quisiera. Dos o tres pensó al principio, salió con siete, un poco apenada. Alejandro fantaseó en cada elección, rumbo al motel le dijo a Alicia que las debía estrenar el mismo día. Para ser precisos, ese día. Ella no entendió, él le dijo que le explicaría en el hotel.&lt;br /&gt;Alicia sin ropa bailaba. Alejandro cogió de entre las trusas una verde esmeralda, fue para con ella e hincado dispuso las pantaletas para que Alicia se montara en ellas, regresó a la cama. Alicia se miró en el espejo, no eran tan buenas como las rojas. Alejandro con una seña la llamó, ella se acercó. Él mordió uno de sus senos, empuñó su miembro y la tomó de la nuca, ella se deslizó rumbó al punto indicado, con su boca mordió bajo el glande y su propio puño topó con sus dientes, meneó el miembro mientras con la lengua repasaba el ojillo de la verga. Él cauteloso aprobaba las caricias. Nalgueaba a su acompañante. Alejandro sintió un escozor en el perineo que amenazaba con volverse intenso, venía un orgasmo. Antes de que esto sucediera la sacó del miembro, cogiendo sus rizos con ambas manos la besó en la frente y abandonó la cama para dirigirse al baño. Esperó que su miembro dejara la rigidez. Flácido expulsó el orín, sacudido y con una gota de lubricante en la punta Alejandro sobaba su pedazo. Alicia había prendido la TV, Alejandro la apagó, le dijo que escogiera otro calzón.&lt;br /&gt;-Ya no voy a bailar- se negó Alicia.&lt;br /&gt;-Sí lo harás- acotó Alejandro.&lt;br /&gt;La risa fue espontánea, ella cogió unos marrón. Alejandro subió el volumen de la radio e hizo el cambio de trusas. Ella cogida de la mano de él, se movía al ritmo de una rumba, el juego de caderas la excitaba, ya quería el miembro adentro. Después de un breve meneo se tumbó las bragas, las mandó volar y acercó la frente de él a su vello púbico. Él en envión la lanzó a la cama, sus palmas se posaron en las rodillas de ella, las separó y entró poco a poco.&lt;br /&gt;Alicia cerró sus ojos, Alejandro se recostó sobre ella al tiempo que se acoplaba al ritmo al que se movía su compañera. Algún quejido, el lejano rugido del tránsito de la avenida más cercana, el ruido infinito del aire acondicionado, un espasmo que lo dejó petrificado y los gritos de Alicia.&lt;br /&gt;-Nos quedan cinco, dijo Alejandro una vez que su conciencia estuvo clara, de regreso después de un coito placentero.&lt;br /&gt;Ella se levantó de la cama, escogió unas trusas negras. Alejandro miró los níveos muslos de ella contrastar con la prenda con que ahora se vestían.&lt;br /&gt;-Al menos no son ciento veinte-, dijo Alicia mientras se acomodaba las trusas y se miraba en el espejo.&lt;br /&gt;Ella le pidió subiera el volumen de la radio, Alejandro viró la perilla, la música no era de su agrado pero ver los rizos de Alicia tallarse contra su espalda le excitaba, ella meneaba sus caderas formando círculos en el aire, él se frotaba lento el pene y acariciaba sus testículos. Ella se bajó los calzones a las rodillas y quebrándose de lado se dejó caer en la alfombra, Alejandro la perdió de vista, se levantó de la cama y la encontró ahí tirada, desnudita. Bajó de la cama, se hincó acercando su miembro a los labios de ella, la besó por todo el talle mientras con las manos abría sus piernas, abstraído observó por segundos el fino vello que poblaba la hendidura para después hundir en ella su nariz. Apoyado de los muslos de Alicia y con su miembro en boca de ella, libó lubricidades. Aquella boca era pequeña. Labios contra labios, lengua en clítoris, y un miembro rascando el paladar, ambos se revolvían en el sabor.&lt;br /&gt;Después de un intenso orgasmo Alicia se levantó, cogió otro calzón, lo insertó en la cabeza de Alejandro. Tocaba las cejas de él mientras Alejandro pelaba los ojos.&lt;br /&gt;-Eres un cabroncito- le  susurró al oído con aires maternos.&lt;br /&gt;Alejandro rió, se despojó del antifaz y la besó en la boca. Cogió el control remoto y sintonizó un canal porno. Preguntó por el marido de Alicia.&lt;br /&gt;-Llamó hace una semana, está por salir la sentencia.&lt;br /&gt;-Mi mujer está celosa.&lt;br /&gt;Alicia tocó su sexo, meneó su clítoris y fue al baño.&lt;br /&gt;-¿Ya sabe?-. Preguntó sentada en el retrete.&lt;br /&gt;-Algo sabe-, Alejandro reconoció.&lt;br /&gt;Del baño a la alcoba había sólo el umbral, ahí se detuvo Alicia.&lt;br /&gt;-Ponte este calzón, le dijo.&lt;br /&gt;-¿Por qué?-Preguntó ella.&lt;br /&gt;-Por favor- le contestó Alejandro. Ella rió mientras se metía en unas bragas amarillas.&lt;br /&gt;La tomó de los hombros mientras la besaba en la espalda. La aventó a la cama, la cogió de las costillas y recogiendo su cuerpo, puso frente de sí ese menudo par de nalgas, metió las manos entre las piernas de ella, abrió un espacio donde sus rodillas hicieran apoyo. Hizo a un lado el calzón, la raja roja, húmeda aún, esperaba ahí, tranquila. Las plantas de los pies de Alicia sonreían, los dedos inquietos se movían del pequeño al gordo. Entró la verga en la vagina estrecha y se oyó berrear a Alejandro.&lt;br /&gt;Algunas gotas de sudor nacieron en la frente de él, con ambas manos cogía de la cintura a Alicia y la sacudía violentamente, ella gemía y se cogía fuerte de la sabana con los puños. La volteó y colocó las pantorrillas de ella en sus hombros, posó sus manos en la parte baja de las nalgas de Alicia rebotándola contra el colchón, ella cerraba los ojos, mordía sus labios mientras él se reclinaba a besar sus senos. Ella se salió de entre los brazos de Alejandro y le pidió se recostase, después de chuparle las tetillas se subió en él, con la mano se apuntó el falo en la vulva, de hinojos se comió el pedazo de carne. Apoyada de Alejandro, de su pecho, de sus muslos, danzó con él dentro, sus negros rizos ondeaban y sus senos se erguían puntiagudos, un placentero vahído se le presentó, se sintió desvanecer mientras remojaba el miembro ardiente de su amante. Se desencajó de Alejandro y observó cómo la verga de éste tenía la cabeza hinchada y sus venas dilatadas, se metió el miembro en la boca, lo recorrió completo con su lengua y labios para después atrapar con sus dientes la parte más sensible de aquél sabroso apéndice, Alicia coronaba la cabeza con su lengua hecha taquito y succionaba exigiendo unas gotas de semen. Él cerró sus ojos, aspiró profundo y exhaló lentamente mientras disfrutaba de un prolongado orgasmo. Ella exprimía con la mano el duro miembro mientras se bañaba de semen la cara.&lt;br /&gt;Se levantó y le dio un beso en el cuello a Alejandro, que estaba desfallecido. Fue por papel higiénico al baño y se limpió el rostro, le preguntó que si quería otro calzón, él reía cuando le contestó que prefería ver la TV.&lt;br /&gt;Cambiaron el canal, sintonizaron las noticias, después de las breves de la guerra que mantenía EU, siguió el segmento dedicado al reporte meteorológico.&lt;br /&gt;Alicia le pellizcaba los pezones a Alejandro cuando le dijo:&lt;br /&gt;-Mejor pon pornografía.&lt;br /&gt;Él, meditabundo, recorrió con el control la sintonía. Se detuvo en la señora Zárate. Mientras la conductora daba su clase de cocina, él se rascaba los testículos, “nada como perder el tiempo mientras se aprende a guisar”, pensó Alejandro. Cuando la señora Zárate sacó el cuchillo y partió una pechuga de pollo a Alejandro se le irguió el miembro.&lt;br /&gt;-Otro- le dijo a Alicia.&lt;br /&gt;Ella sonrió para después decir:&lt;br /&gt;-Pero que sea por el culo.&lt;br /&gt;Al oír esa palabra Alejandro se sintió hinchado del miembro. Ella, muy osada, se sacó las trusas amarillas y se colocó en cuatro, él empuñó su verga y escupió el orificio anal de su amiga, diminuto como ella misma. Con un dedo tanteó el músculo, insertado el segundo dedo creyó que ya era suficiente. Apuntó la cabeza de su miembro en el ano y lo hizo ingresar despacio hasta desaparecerlo. Alicia relajada se sacudía lenta, se meneaba y apretaba. Alejandro excitado cambiaba el ritmo, en segundos se tornaba violento para después sosegarse. La inflingía, Alicia lloraba con los ojos cerrados y él veía su verga entrar y salir mientras con dos dedos frotaba vigoroso el clítoris de su amante. Ella giró su cabeza, apoyaba su sien en la almohada y un hilillo de baba escurría por la comisura de sus labios, chilló como rechinan las puertas mientras por su cuerpo corría un generalizado, pero imperceptible, temblor. Él se detuvo, se salió de entre la carne y golpeando las nalgas de ella vertió el semen sobre su espalda. Sólo quedaban un par de trusas, escogió las floreadas y con ellas talló la espalda diseminando el líquido vertido.&lt;br /&gt;Alejandro se tiró al lado de Alicia, ella le cedió la almohada para recostarse en el pecho de él, mudos observaban la TV. Ella jugueteaba con la verga de  Alejandro, él deslizaba su mano repasando el talle de ella.&lt;br /&gt;-¿Nos bañamos juntos?- Preguntó Alicia.&lt;br /&gt;-No, aquí te espero- contestó Alejandro.&lt;br /&gt;Mientras ella se bañaba Alejandro colectó las trusas, estaban regadas en toda la habitación, las regresó a la bolsa y puso ésta en una silla. Juntó también su ropa y la de ella.&lt;br /&gt;Cuando Alicia salió del baño Alejandro la secó con una toalla, mientras ella, que no se había lavado el pelo, intentaba peinarse. Alejandro fue por el séptimo calzón. Él ya no intentó nada después de haberle puesto esas nuevas bragas, Alicia festejó el que Alejandro estuviese saciado.&lt;br /&gt;Él entró a la ducha, se mojó el cuerpo y se dedicó exclusivamente a lavarse el pene. Salió del baño más descansado, ella todavía no se vestía, frente al espejo terminaba de pintarse la cara. Alejandro la miró y sintió cierta excitación, su falo se empezaba a cargar de sangre de nuevo. Hubiera querido hacer el lavaderito frente al espejo pero reprimió sus impulsos, recordó a Abril y pensó que con Alicia estaba distrayendo toda su energía. Abril tenía todo el derecho a estar molesta, pensó Alejandro.&lt;br /&gt;Se vistieron mientras conversaban sobre estrenos de Hollywood, Alicia apagó la TV, Alejandro le abrió la puerta de la habitación conminándola a salir. Subieron al auto y salieron del motel.&lt;br /&gt;Alicia notaba a Alejandro taciturno, quizá estaba cansado después de la sesión que habían tenido, quizá el hecho de que su mujer supiera “algo” sobre sus relaciones lo tenía preocupado.&lt;br /&gt;-No se te olvide la bolsa con tu ropa Alicia-, fue lo único que dijo Alejandro en el trayecto.&lt;br /&gt;Llegaron a la esquina donde Alicia bajaba del carro, a un par de cuadras de su departamento. Ella le dio un beso antes de salir del auto.&lt;br /&gt;-Te llamo-, le dijo él a manera de despedida.&lt;br /&gt;Ella lo vio partir recargada en el poste de una lámpara de alumbrado. Aunque satisfactorio una vez más, ella se quedaba con un dejo de amargura de este encuentro. Como si algo le indicase que sus relaciones con Alejandro habían terminado. Alicia no tenía por costumbre fustigarse, sin embargo, una cruel certeza se apoderaba de ella y le generaba tristeza, Alejandro no la llamaría más.&lt;br /&gt;Dio media vuelta para encaminarse rumbo a su departamento, pasaban de las once de la noche, aligeró sus pasos, en el trayecto concluyó que esperaría a Alejandro, no le iría a buscar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/5358196829602658224-927472122767937169?l=lajergadelamor.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5358196829602658224/posts/default/927472122767937169'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/5358196829602658224/posts/default/927472122767937169'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lajergadelamor.blogspot.com/2007/01/1-vengo-con-el-abogado-le-dijo-la_9391.html' title=''/><author><name>Mk</name><uri>http://www.blogger.com/profile/07507818791156918264</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='24' src='http://1.bp.blogspot.com/_zGsoobhuinU/SYCR7mhg6AI/AAAAAAAAABI/Kli840jFq8E/S220/Copia+de+DSC-0099.jpg'/></author></entry></feed>
